La sostenibilidad ha dejado de ser un elemento accesorio para convertirse en un factor decisivo de competitividad empresarial. Ese fue el eje central de la conferencia pronunciada por Víctor Viñuales, confundador de ECODES, durante una jornada abierta al público, organizada por el Club de Opinión Lucas Mallada, y celebrada en el Salón Azul del Casino de Huesca el pasado 9 de junio.

Viñuales defendió que la transición ecológica ya no responde únicamente a razones éticas o ambientales, sino a profundas transformaciones económicas, tecnológicas y sociales que condicionarán la viabilidad de las empresas y las personas en las próximas décadas. “La dirección importa más que la velocidad”, señaló.

Este sociólogo zaragozano, cofundador de ECODES, es una de las voces más influyentes en España en materia de sostenibilidad, responsabilidad empresarial y transición ecológica. Viñuales, con familia arraigada en la provincia de Huesca, forma parte de distintos consejos asesores de empresas e instituciones nacionales e internacionales y lleva más de tres décadas trabajando para demostrar que el desarrollo económico, la justicia social y la protección del medio ambiente son compatibles y deben avanzar de la mano.

 

El gran consenso de 2015

Para comprender el momento actual, Viñuales retrocedió hasta 2015, un año que calificó como excepcional.

En apenas unos meses coincidieron la aprobación de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible por Naciones Unidas, el Acuerdo de París contra el cambio climático, la publicación de la encíclica Laudato si’ del papa Francisco y las advertencias del entonces gobernador del Banco de Inglaterra sobre los riesgos financieros derivados del cambio climático.

Nunca antes gobiernos de ideologías muy distintas, instituciones financieras, líderes religiosos y la comunidad científica habían coincidido de manera tan amplia en señalar la necesidad de transformar el modelo económico.

Sin embargo, el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha alterado profundamente el escenario internacional. La retirada estadounidense de distintos acuerdos internacionales y el cuestionamiento de muchas políticas climáticas han sembrado dudas en numerosas empresas.

La pregunta resulta inevitable: ¿debe cambiar también el mundo empresarial?

Víctor Viñuales Foto Rosa Casbas 2

Las razones por las que las empresas no dan marcha atrás

La primera, Viñuales destacó la evidencia del cambio climático, la fuerza de los hechos. El sociólogo recordó cómo Zaragoza ha batido en los últimos años récords históricos de temperaturas nocturnas y cómo las sucesivas olas de calor están modificando ya el comportamiento de consumidores y empresas. “Los hechos tienen mucha más fuerza que las palabras”, afirmó.

Viñuales demostró que cuando las temperaturas aumentan, se disparan las ventas de aparatos de climatización. Cuando la incertidumbre energética crece, aumentan las matriculaciones de vehículos eléctricos. Cuando las inundaciones o las sequías se hacen más frecuentes, las empresas empiezan a replantearse sus inversiones.

La segunda razón es la voz de la ciencia. Viñuales explicó con un ejemplo especialmente gráfico el enorme incremento de calor acumulado en los océanos y recordó que los científicos lo comparan con millones de bombas atómicas liberando energía de forma continua. Más allá del impacto de la imagen, el mensaje era claro: ignorar esa información supone asumir riesgos económicos y sociales cada vez mayores.

 

La sostenibilidad como estrategia empresarial

Lejos de presentar la sostenibilidad como una obligación moral, Viñuales argumentó que cada vez existen más razones empresariales para incorporarla a la estrategia corporativa.

Entre ellas citó la evolución de los mercados, la presión regulatoria, la innovación tecnológica, el acceso al talento joven, la creciente preocupación por la salud y la aparición de nuevos riesgos jurídicos derivados del cambio climático.

A su juicio, todas estas fuerzas empujan a las compañías hacia un modelo económico diferente. “La cuestión ya no es si las empresas quieren cambiar, sino que el contexto económico las está obligando a hacerlo”, resumió durante su intervención.

Otro de los mensajes más interesantes de la conferencia consistió en desmontar la idea de que la sostenibilidad supone un coste añadido para las empresas. Viñuales citó los compromisos asumidos por compañías como IKEA, Apple, Inditex, BBVA o Maersk, que trabajan para reducir no solo sus emisiones directas, sino también las de toda su cadena de suministro. La consecuencia es evidente: las grandes compañías están empujando hacia la sostenibilidad a miles de pequeñas y medianas empresas.

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Un cambio impulsado por el mercado

Uno de los mensajes más repetidos fue que la transformación ya no depende únicamente de las administraciones. Según explicó, durante años la sostenibilidad se defendía apelando al sacrificio económico en favor del planeta. “Hoy _aseguró_ sucede lo contrario”.

Las energías renovables, la movilidad eléctrica o la eficiencia energética resultan cada vez más competitivas desde el punto de vista económico. Como ejemplo citó el crecimiento del vehículo eléctrico.

Recordó que hace apenas cinco años España matriculaba menos del 3 % de vehículos eléctricos, mientras Noruega superaba el 70 %. En la actualidad, explicó, Noruega roza el 99 %, mientras que otros países como Etiopía o Nepal han experimentado avances mucho más rápidos que España gracias a la combinación de políticas públicas y al desarrollo industrial chino. Para Viñuales, estos datos reflejan que el liderazgo tecnológico mundial está cambiando de manos.

 

Europa pierde terreno frente a China

Durante buena parte de su conferencia, el cofundador de ECODES insistió en que Europa está pagando el retraso acumulado en innovación.

Señaló que China produce actualmente cerca del 60 % de los vehículos eléctricos del mundo y lidera también la fabricación de baterías.

En su opinión, muchas empresas automovilísticas europeas priorizaron rentabilizar durante demasiado tiempo sus inversiones en motores de combustión en lugar de acelerar la transición tecnológica. Como consecuencia, afirmó, Europa se ha visto obligada a buscar alianzas con fabricantes chinos para mantener su competitividad.

También advirtió de que Estados Unidos podría agravar este retraso si reduce sus políticas de impulso a las energías limpias.

 

Empresas con propósito

Otro de los ejes de la intervención fue la evolución del propio concepto de empresa.

Viñuales explicó el crecimiento internacional del movimiento B Corp, que promueve organizaciones cuyo objetivo no es únicamente maximizar el beneficio económico, sino generar valor para todos sus grupos de interés. Citó como ejemplos empresas como Ilunion o Central Lechera Asturiana, que ya incorporan este modelo de gestión.

En paralelo recordó el desarrollo de otras iniciativas como la Economía del Bien Común y defendió que las empresas necesitan preguntarse no solo cómo hacer negocios, sino para qué existen. Lamentó que esa reflexión siga estando prácticamente ausente en buena parte de las escuelas de negocios.

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Del paradigma de la eficiencia al de la resiliencia

Uno de los conceptos desarrollados durante la conferencia fue el de resiliencia. Según explicó, durante décadas la economía ha perseguido la máxima eficiencia mediante la especialización y la concentración de actividades. Sin embargo, acontecimientos como la pandemia, la guerra de Ucrania o las tensiones comerciales internacionales han demostrado la necesidad de reforzar la capacidad de adaptación.

Como ejemplo, recordó que Europa descubrió durante la pandemia su enorme dependencia exterior para productos tan básicos como respiradores, chips o determinados componentes industriales.

En este contexto defendió que las empresas diversifiquen riesgos y reduzcan dependencias estratégicas.

 

Jóvenes, salud y litigios

Viñuales también señaló otros factores que están acelerando el cambio empresarial. Entre ellos destacó que ocho de cada diez jóvenes prefieren trabajar en organizaciones con propósito y valores definidos.

Asimismo, recordó que los litigios climáticos contra empresas se han duplicado durante los últimos cinco años en numerosos países.

La salud constituye igualmente, en su opinión, un elemento cada vez más determinante.

Relacionó este fenómeno tanto con el aumento de la sensibilidad social hacia la alimentación y los productos químicos como con el impacto del cambio climático sobre enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue o la fiebre del Nilo. Todo ello, afirmó, “obliga a replantear numerosos modelos de negocio”.

 

Centros de datos y macroproyectos

Durante el coloquio posterior con los asistentes (socios del Club y público en general) surgieron varias preguntas relacionadas con Aragón. Una de ellas se centró en la llegada masiva de centros de datos.

Viñuales mostró su preocupación por la concentración de este tipo de inversiones y defendió que la Administración debe analizar cuidadosamente sus efectos sobre el consumo de agua, energía y suelo. También reclamó mayor transparencia en los acuerdos firmados con grandes compañías tecnológicas.

En su opinión, resulta imprescindible garantizar que estas inversiones generen empleo cualificado y desarrollo territorial, evitando que limiten el crecimiento de otras actividades industriales.

 

Energía nuclear

Preguntado por el futuro de la energía nuclear, Viñuales manifestó sus reservas respecto a la prolongación de la vida útil de las centrales existentes. Consideró que siguen sin resolverse satisfactoriamente cuestiones como la gestión de los residuos radiactivos y recordó que toda tecnología está expuesta a fallos.

También defendió que las energías renovables presentan actualmente menores costes y permiten desplegar nueva capacidad de generación en plazos mucho más cortos.

No obstante, reconoció el interés de explorar otras alternativas energéticas como la geotermia, allí donde existan condiciones favorables.

 

Más temas de debate con el público

Una parte del debate con la intervención del público giró en torno al crecimiento de las plantas de biogás y las macrogranjas. Recordó una frase que escuchó muchas veces a su madre: «Todas las demasías son tempestades». Ese principio, explicó, también resulta válido para la planificación económica.

Viñuales alertó sobre el riesgo de concentrar demasiadas instalaciones de este tipo en determinados territorios y defendió que cualquier proyecto debe evaluarse teniendo en cuenta su impacto ambiental, social y económico a largo plazo.

También mostró preocupación por la falta de transparencia en algunos procedimientos administrativos y por el uso de cláusulas de confidencialidad en proyectos con fuerte incidencia territorial.

Viñuales insistió en que las decisiones importantes deberían construirse escuchando mucho más a la ciudadanía. En España, lamentó, con demasiada frecuencia la participación llega cuando las decisiones ya están prácticamente tomadas. “Escuchar antes _defendió_ no retrasa los proyectos, evita conflictos posteriores y mejora su calidad”.

 

Una economía reconciliada con la naturaleza

Como conclusión, el cofundador de ECODES defendió la necesidad de construir un nuevo modelo económico que reconozca la dependencia humana de los ecosistemas. “Somos ecodependientes”, recordó. “La gran meta es estar en paz con la Naturaleza, con nosotros mismos y con nuestros descendientes”

Recordó que aire, agua y alimentos constituyen la base de cualquier sociedad y sostuvo que las decisiones actuales condicionarán el bienestar de las próximas generaciones.

En ese contexto apeló a recuperar una visión de largo plazo, comparable a la de quienes construyeron las grandes catedrales durante varias generaciones, convencidos de que el resultado final trascendería su propia vida.