“Entre humanos y tecnología” es el título de la apasionante charla que ofreció Patricia Heredia Gil, divulgadora científica, en el Salón Azul del Casino de Huesca el pasado 30 de octubre. Un encuentro abierto al público, organizado por el Club de Opinión Lucas Mallada, donde la ingeniera oscense habló con la sencillez y la familiaridad de quien ha hecho de la curiosidad por aprender y la generosidad por compartir su conocimiento, su forma de vida.
Durante su intervención, Patricia Heredia explicó su trayectoria, sus inquietudes como “maker”, y su pasión por la divulgación tecnológica “con propósito”.
De desmontar juguetes a crear una comunidad de 260.000 personas
“Todo empezó desmontando juguetes”, confesó sonriendo. Aquella curiosidad infantil por entender cómo funcionaban las cosas derivó años más tarde en una carrera en Ingeniería de Telecomunicaciones y en un recorrido profesional poco convencional. Trabajó en sistemas de comunicación para trenes, diseñando placas electrónicas y programando mensajes de voz e imagen, pero pronto sintió la necesidad de que su trabajo tuviera un impacto social real.
Ese impulso la llevó a crear, en 2016, MiniVinci, una academia de robótica educativa en Huesca y, poco después, a lanzar con su alumna Valeria Corrales el proyecto ValPat, un canal de divulgación científica y tecnológica que hoy suma más de 260.000 seguidores en redes y 700 vídeos educativos en YouTube.
Heredia reivindicó la filosofía maker (aprender haciendo y compartiendo) como el corazón de su labor. “Un maker es un hacedor”, resumió. “Aprendes construyendo, pero también compartiendo lo que haces. Por eso siempre digo que es egoísta no compartir el conocimiento. Si sabes algo y no lo compartes, estás frenando el aprendizaje de los demás”. Ese espíritu de comunidad es, en su opinión, lo que diferencia una innovación individual de un verdadero avance colectivo.
Enseñar tecnología con emoción
La divulgadora oscense defendió que la tecnología no tiene sentido sin emoción ni creatividad. “La tecnología es muchísimo más poderosa cuando la combinamos con la creatividad, la emoción y, sobre todo, con las personas”, subrayó. Frente a un público atento, insistió en que aprender sobre ciencia o programación no es cuestión de tener una mente técnica, sino curiosa: “Todos podemos entender cómo funciona el mundo si nos lo explican con cercanía”.
Su relato, cercano y vivaz, mezcló anécdotas personales con ejemplos de sus clases. “Un algoritmo es un conjunto de instrucciones ordenadas para lograr una tarea. Y todos los usamos cada día: al cepillarnos los dientes, al cocinar o al planificar el día. La robótica simplemente nos enseña a pensar con método”, explicó.
La pandemia como laboratorio de creatividad
Patricia Heredia recordó cómo la situación de la pandemia le llevó a reinventarse: “Durante el confinamiento no podíamos salir, pero podíamos seguir aprendiendo. Hicimos más de cien directos seguidos con ValPat. Nos conectábamos todos los días, incluso domingos y festivos. A veces éramos doscientas personas construyendo cosas con lo que teníamos por casa. Era una forma de mantenernos activos y acompañarnos emocionalmente”.
Detrás de esa experiencia hay una convicción: la tecnología es una herramienta de conexión humana, incluso (o sobre todo) cuando las circunstancias nos separan físicamente. Por eso, defendió que educar en tecnología es también educar en empatía, en la capacidad de usar los recursos digitales para crear comunidad, no aislamiento.
Tecnología, sociedad y mirada crítica
En la segunda parte de su intervención, Heredia abordó el ritmo acelerado de la innovación y sus consecuencias sociales. Con claridad divulgativa, explicó la ley de Moore, que predice la duplicación del número de transistores en un chip cada dos años, y aprovechó esa referencia para reflexionar sobre el consumo tecnológico: “Cada año los dispositivos son más pequeños, más potentes, pero no necesariamente más sostenibles. Hay que preguntarse qué queremos mejorar y por qué”.
Uno de los ejes de su discurso fue la inteligencia artificial. Heredia la describió como una tecnología que “aprende de nosotros” y que, precisamente por eso, exige responsabilidad. “Tenemos la obligación de enseñarle bien. Si le enseñamos mal, los sesgos se multiplican”, advirtió. Invitó a los asistentes a no aceptar de forma acrítica lo que devuelve una herramienta digital: “Cuando una inteligencia artificial te da una respuesta, pregúntale de dónde saca la información. Pide la fuente. Aprende a contrastar”.
Con un tono entre didáctico y provocador, añadió: “No podemos permitirnos no usar la inteligencia artificial, pero sí podemos decidir cómo la usamos. Igual que antes copiábamos la enciclopedia sin pensar de dónde venía la información, ahora tenemos que enseñar a las nuevas generaciones a dudar, a analizar y a verificar”.
Aprender compartiendo
A lo largo de la charla, Heredia volvió una y otra vez a la idea de compartir conocimiento como fundamento de la educación tecnológica. Defendió que el aprendizaje no puede ser propiedad exclusiva de expertos o empresas, sino un proceso abierto y colectivo:
“Si tienes un conocimiento y no lo compartes, es egoísta. Aprendemos hablando con las personas, compartiendo ideas, escuchando experiencias distintas. Por eso en nuestros proyectos los contenidos son abiertos: para que cualquiera pueda replicarlos, adaptarlos o mejorarlos”.
Esa filosofía se refleja tanto en su método de enseñanza como en su propio recorrido. Desde Huesca, Patricia Heredia y Valeria Corrales han logrado situar su trabajo en el mapa nacional e internacional sin perder el tono local, demostrando —como ella misma dijo— que “en sitios pequeños también se pueden hacer cosas grandes”.
Tecnología con rostro humano
Más allá de los datos y los ejemplos, la charla transmitió una mirada esperanzadora sobre el futuro. Heredia no niega los riesgos de la digitalización, pero cree en la capacidad humana de orientar la tecnología hacia el bien común. Para ello, propone tres principios: curiosidad, sentido crítico y cooperación.
“Vivimos rodeados de innovaciones, pero no todas avanzan al mismo ritmo ni con los mismos valores”, explicó. “La clave está en cómo las usamos y en qué tipo de sociedad queremos construir con ellas”. Desde la radio, que definió como “la primera red social, porque conecta personas y transmite humanidad”, hasta la inteligencia artificial, todas las tecnologías, dijo, son lo que hacemos con ellas.
Heredia destacó que la tecnología se puede aplicar a la educación para la resolución de problemas, fomentar el pensamiento crítico, usar la imaginación aplicada y apoyar el trabajo en equipo. La divulgadora recordó que la tecnología es transversal, que implica otras áreas como la lengua, la educación artística, las ciencias sociales y las ciencias naturales.
Conclusión: educar para pensar, crear y compartir
El público del Casino de Huesca despidió a Patricia Heredia con una ovación cálida, consciente de haber asistido no solo a una conferencia técnica, sino a una reflexión sobre el papel del conocimiento en una época de cambios vertiginosos.
Su mensaje final resumió la esencia de la charla: la tecnología debe estar al servicio de las personas, y el conocimiento debe circular. “Compartir lo que sabes multiplica el aprendizaje. Guardarlo solo para ti lo detiene”, afirmó.
Con esa frase, Patricia Heredia sintetizó una visión que combina ciencia, pedagogía y humanidad: la idea de que la educación tecnológica no consiste en programar máquinas, sino en formar ciudadanos críticos, creativos y solidarios. Desde Huesca hacia el mundo, su voz representa un modelo de divulgación que enseña con rigor, pero también con emoción y cercanía.
Tras las respuestas de Patricia a las preguntas de los asistentes, Javier Caudillo, presidente del Club de Opinión Lucas Mallada, agradeció a la invitada su colaboración, en nombre de todos los socios, entregándole un obsequio realizado por Julio Luzán (Tecmolde).






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